Estaba pensando, en lugar de hacer lo que realmente tenía que hacer. Estaba reflexionando sobre lo que estaba haciendo y sobre si en realidad era algo rentable o si en realidad no era nada. ¿Y qué estaba haciendo? Pues, estudiar. Lo que hace un estudiante, y a lo mejor porque me aburría o porque simplemente no me salía, comencé a pensar. Pensé en si de verdad me servía para algo, o simplemente se comía mi tiempo. Porque me acorde de cosas y de reflexiones que aunque no fueran mías, las tome como tales. Entonces supe que si todo era cambio y el cambio era constante, no me servía para nada estudiar. Si en cada hora, mejor cada minuto, mejor dicho cada segundo, incluso todavía mejor cada instante, todo cambia. ¿Para qué quiero aprenderme algo que en nada va a ser diferente? ¿Para qué si es casi como si fuera una mentira aunque en el primer instante fuera verdad?
Seguí pensando seguí razonando, seguí deduciendo y volvía a lo mismo, subrayaba, leía y pensaba en eso, ¿estaré malgastando mi tiempo?
Pero entonces lo deduje, lo hice, supe porque lo hacía. Creía en la teoría del cambio constante la tenia clara, entonces supe porque tenía que aprender porque tenía que estudiar aunque nunca llegaría a conocer. Me di cuenta, de que yo también cambiaba, de que yo no era la misma, cada instante era otra y el estudiar, el aprender cosas nuevas me hacia cambiar aun más me hacía ver la realidad de otra manera. Y qué decir, simplemente que cambiar me encanta, no quiero nunca ser la misma.
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Maravilloso. Me encanta esta entrada. ¿me dejas que la utilice para el curso que viene?
ResponderEliminarClaro que si. Usa todos los que quieras, me gusta saber que lo que escribo es útil. Y gracias por animarme a escribir!
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