lunes, 26 de abril de 2010

Ni él la siente...

Me levanté y hacía frío, la ventana estaba abierta, pues parecía que el viento había entrado a molestar. Esa noche soplaba estaba enfadado, quizás no pudo entrar donde quería a ver entrado, quizás le cerraron esa ventana. Por eso soplaba y gruñía como si así algo fue a conseguir, ya el mismo sabía que no lo hacía.

A la mañana siguiente el viento no se oía, seguro que estaba cansado, o simplemente tampoco podía entrar. Seguramente, se había cansado de intentar soplar por donde quería, se había cansado de intentar ser el mismo en todo momento, se había cansado de saltar el muro y encontrar una pared, se había cansado de que le cerrasen el paso. Ya no era él, solo era el reflejo de lo que había sido, un abecedario que había perdido sus letras. El viento, dejaba de ser viento.

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