El mundo está lleno de cosas. Árboles, casas, perros, personas…y estás cosas llegan a ser indispensables para ti. Pero en realidad no solemos pensar en árboles o en casas, es más fácil que pensemos en una persona o en algún animalito ¿por qué? La verdad, ni idea. Supongo que puede que nos aferremos más a algo blandito y con algo de pelo, algo a lo que le des cariño y tú lo recibas, puede que sea por algo así.
Pero hoy, me apetece hablar de las personas, de yo, de tú, de él… de todos. En realidad, somos tantos que aunque intentáramos conocer a todos del mundo no lo lograríamos. Ni siquiera llegaríamos a conocer a todos los de nuestra cuidad, y mucho menos a los de nuestro país. Somos tantos y tan diferentes. Diferentes culturas, diferentes pensamientos, diferentes costumbres… ¿pero no somos a la vez iguales? Sí lo somos. Pues, todos tenemos algo por mínimo que sea en común y eso nos une. Todos venimos de lo mismo y vivimos y sólo por eso ya somos como hermanos. ¿Por qué voy a hacerte daño, si eres como yo? Nos teníamos que plantear más esa pregunta, pues, lo que algunas personas llegan a hacer les quita ese derecho. Les quita el derecho a ser personas y casi incluso a veces el propio derecho de vivir. Vamos a dejar de ser crueles, seamos personas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Me gusta que partas de una reflexión sencilla para una conclusión importante. Ahora bien nadie pierde el derecho a ser personas. Eso sería si pensáramos que la dignidad depende de los actos y es algo básico que se da por nacimiento en el hombre...o eso espero.
ResponderEliminar